top of page

Luisa Margal cuenta el final del exilio

  • hogarbrussels
  • 24 jun
  • 8 min de lectura

Actualizado: 26 jun

Durante mucho tiempo, la escritura fue su refugio secreto. Un espacio a resguardo de las miradas para contar una vida desgarrada entre Colombia y Europa. Hoy, Luisa levanta el velo con Fin d'exil, su primer poemario. Artista todoterreno, oscila entre la escritura, la fotografía, el teatro y la performance, sin elegir nunca, para explorar las huellas que el exilio dejó en su historia.

 

Me encuentro con Luisa en el Parvis de Saint-Gilles, a pocas semanas de la salida de su primer poemario, Fin d'exil. Un inicio de noche suave que nos invita a sentarnos a tomar un café en la terraza de L’Union. Luisa navega entre varias disciplinas artísticas, pero esa noche hablamos de escritura. Un jardín que hoy ya no es tan secreto con la publicación de este libro en Éditions Les Bonnes Feuilles. Durante casi dos horas, conversamos sobre los caminos personales y artísticos que llevaron a Fin d'exil y sobre la necesidad de escribir para reapropiarse de su propio relato.

 

Escribir para no desaparecer

 

Cuando Luisa llega a Bélgica hace ocho años, es para seguir una formación como actriz en el IAD. En ese momento, la escritura todavía se mantiene cuidadosamente a resguardo de las miradas. Luego está aquella noche, durante una escena abierta organizada en el Womufe. A los organizadores les faltan participantes e insisten en que suba al escenario. Hasta entonces, sus textos nunca habían salido del ámbito privado. Esa noche, sin embargo, acepta. Hay noches así que cambian una vida. “Yo pensaba la escritura como ese lugar seguro que nunca compartiría con nadie. Cuando uno hace arte, llega un momento en que es deseable quedar expuesto. Pero a veces el arte solo cumple una función de expresión, sin la presión de ‘hacer algo’ con eso”.


Su historia íntima con las palabras hunde sus raíces mucho más atrás: en una infancia hecha de partidas y desplazamientos. Sus padres huyen del conflicto armado en Colombia y Luisa crece en Italia, pasando de una familia de acogida a otra. Una infancia en la que hay que aprender a encontrar un lugar sin hacer ruido. “Creo que cada persona pone en marcha cosas para salvarse de una situación. Cuando era niña, como vivía en familias de acogida y cambiaba muy seguido… era un poco mi condición: portarme bien, no molestar, porque estaba en casas de gente que no conocía tan bien. Escribir me permitió hacer algo. Pasar el tiempo, cuando estás sola y no tienes a nadie alrededor”. La escritura no es entonces ni un proyecto artístico ni una vocación. Es una compañía. Una manera de conservar un espacio propio en una vida donde todo lo demás parece provisorio.


 

Escribir para retomar el control de su relato

 

En el Womufe, sin embargo, escribir —ese acto que ella percibía tan íntimo— se vuelve un espacio de encuentro. Después de esa primera lectura pública, varias personas se acercan. Entre ellas, muchos latinoamericanos reconocen en sus palabras algo de su propia historia. “Recuerdo haber compartido el poema ‘Ma tante’. Fue en Sounds, un lugar que reúne a muchas personas migrantes de América del Sur. A muchos les llegó”.


Por primera vez, sus palabras desbordan el marco de su propia historia y Luisa descubre otra manera de habitar el escenario. Ya no hace falta meterse en un personaje para tocar al público. Sin embargo, moldearse, adaptarse a los deseos de los demás, es lo que le enseñaron. En el teatro le enseñan a borrar su acento para no ser encasillada… y al final encerrarla en otra casilla. “Con la escena abierta me dije: voy a asumirlo. Sabía que quería hablar de la inmigración, de mi comunidad, pero no lo hacía. En la escuela de teatro te aconsejan borrar tu acento para no tener siempre el papel de la colombiana, de la extranjerita. Entonces yo estaba un poco en esa, diciéndome: no quiero escribir sobre la migración, porque si no me van a reducir a ‘la migrante’ el resto de mi vida, y no quiero eso”.


La escritura le ofrece la posibilidad de reapropiarse de su historia, fruto de todas las curiosidades. “A lo largo de mi vida, en todos los ámbitos, me han preguntado mucho por lo que viví. Estoy exiliada, viví en países distintos, hablo lenguas distintas. Y cada vez, basta con decir que soy colombiana, que crecí en Italia, que ahora estoy en Bélgica… Tienes que explicar sin parar cómo llegaste hasta ahí. Poco a poco, termino contando siempre mi historia. Por una vez, con el libro, estoy contenta. Soy yo quien cuenta lo que yo tengo ganas de decir, en la versión que yo quiero dar”. Con la complejidad que contienen las historias de exilio, lo que se juega entre líneas. “Es más complejo emocionalmente. En Bruselas hay muchas comunidades que conviven todo el tiempo, y dentro de esas comunidades se ven las secuelas de la guerra, las huellas de los desaparecidos, las migraciones. Hay un montón de pequeños detalles que no quisiera dejar de lado. Como peinarle el pelo a mi tía, por ejemplo”.


El pelo de su tía es el detalle que Luisa elige para su primera lectura en escena. Un detalle en apariencia anodino que quiere capturar en sus prácticas artísticas. En sus textos como en sus fotografías, se aferra a esos gestos cotidianos que suelen pasar desapercibidos. De hecho, fue fotografiando el pelo de su prima que la publicaron por primera vez en Vogue. “Le saqué una foto a mi prima; era una pequeña puesta en escena porque se estaba peinando en su casa, en el baño. Le dije: ven, hagámoslo en el jardín de nuestra abuela. Así guardo un recuerdo de ese lugar y de ti haciendo ese gesto”. La memoria se esconde en los gestos y los objetos más ordinarios. El arte para no olvidar. Así describe Luisa su visión de la fotografía: una manera de retener lo que desaparece y de prestar atención a lo que, de otro modo, terminaría borrándose. “Cuando haces fotos, te das cuenta de que no hay una próxima vez. Nunca ese instante —un poco como el teatro— será exactamente como lo ves”.


Esa atención a los detalles también alimenta su manera de contar el exilio. Lejos de los grandes relatos y de los acontecimientos espectaculares, Luisa se interesa por lo que se juega en lo íntimo: los hábitos, las sensaciones, los gestos repetidos una y otra vez. “No nos damos cuenta de que todo lo que es una guerra, un exilio, una migración no está hecho solo del evento exilio con E mayúscula. Está hecho de un montón de experiencias internas. Claro que hay dolores frontales, y tendemos a contar esos porque son más evidentes y más importantes. Pero no hay que olvidar, creo, todo lo que pertenece al orden de lo cotidiano, de lo más pequeño o de lo invisible”.


El libro está ilustrado por la artista franco-peruana Maïra Villena.
El libro está ilustrado por la artista franco-peruana Maïra Villena.

 

Escribir el fin del exilio


Luego llega otra casualidad. Luisa se topa con la convocatoria de manuscritos de una joven editorial, Les Bonnes Feuilles. Piden quince textos. Cuenta los suyos: quince, justito. Envía su dossier sin pensarlo demasiado. Por una casualidad aritmética, unas semanas después se entera de que obtuvo el segundo lugar del concurso. Al escucharla contar su recorrido, muchas cosas parecen suceder así: una escena abierta a la que le faltan participantes; una convocatoria que coincide exactamente con el número de poemas que escribió. Sin embargo, detrás de esa aparente facilidad se dibujan años de escribir, fotografiar, observar y crear. Toda una vida dedicada a desarrollar su arte.


El libro se titulará Fin d'exil. “Una persona lectora que no me conoce no va a saber necesariamente de qué trata mi libro. Me parecía más lindo que alguien también pudiera sentirse atraído por una temática fuerte, que es la del exilio. Quería que les hablara a esas personas”. Crece en un entorno donde las ideas, los libros y el discurso ocupan un lugar central. “Mis padres me educaron en la lectura, en el pensamiento, en reflexionar las palabras”. Hace una pausa antes de sonreír.


“Mi vida siempre fue estar en círculos de activistas, intelectuaes. Y entonces me dije: es necesario que mi vida pueda ser otra cosa también. Pero al final, uno nunca escapa de su historia. Con mis padres es casi inevitable; siento que continúo una tradición… Continúo la tradición porque me instalaron ese chip en la cabeza. Sí, tengo un prisma demasiado fuerte como para salirme de él”.


Italia será la segunda gran etapa de esta historia. Es allí donde Luisa crece. También es allí donde desarrolla su amor por la literatura y le pone una palabra a la situación que atraviesa. “El término exilio aparece en el poema A Zacinto, escrito por el poeta italiano Ugo Foscolo en 1803. Es sobre un italiano exiliado en Grecia. Cuando estudiamos eso, creo que estaba en primaria. Y fue la primera vez que me explicaron qué era el exilio, cuando entendí que yo estaba viviendo eso”.


Años más tarde, Bélgica se convierte en un nuevo capítulo de su historia. Mientras tanto, los poemas y las fracturas se acumularon, pero también empezaron a dialogar entre sí. Ese movimiento es el que cuenta Fin d'exil. “Revisamos todos los textos con mi editora. En mi caso, mis textos siguen un camino. Ella me propuso un orden de resolución, pero también una visión más personal. Y entonces, en ese orden, ‘fin’ del exilio tiene sentido. Porque ya no son fracturas sueltas. Primero está el poema ‘Départ’, que habla de mi infancia, hasta el último, ‘Détruire la ville, tuer le serpent’, un poema muy reciente, el que más me representa en este momento”.


Un fin del exilio es también lo que vive su madre, a quien le dedica el libro. Después de décadas lejos de su país, ella prepara su regreso a Colombia. Para Luisa, la pregunta se plantea de otra manera. Por ahora, su historia sigue escribiéndose en Europa. “A menudo me preguntan cómo me siento aquí. En realidad, me considero una colombiana que vive en Europa. Y me encanta vivir en Europa; mi día a día se adapta aquí y quizá para siempre. Sin embargo, siempre seré colombiana”.


Una colombiana de Europa. Durante mucho tiempo, Luisa creyó que esa identidad híbrida era una excepción. Luego vino Barcelona. Seleccionada para una residencia artística en la que debe desarrollar un proyecto fotográfico, descubre una realidad que nunca había encontrado: la de una importante comunidad latinoamericana que esculpe el paisaje cultural de la ciudad. “Esa experiencia en España me voló la cabeza, porque me di cuenta de que había un montón de latinoamericanos. Siento que me mintieron toda la vida. Porque yo crecí en Italia, y después viví en Francia y en Bélgica. Yo decía: qué loco, este mundo siempre existió y yo no lo sabía”.


En Bruselas, Luisa se divierte desarrollando sus referencias, sus “bases” latinas, a menudo alrededor de la música y el baile. “Me encanta ir a Cartagena, por ejemplo. Es muy particular: la música que ponen es la del fondo del último pueblito del sur de mi país, música de fiesta que son mis referencias. Después ponen bachata tradicional y me encanta. Si no, me encanta ir a Clave y Sabor, donde dan clases de salsa caleña, o a Rueda de tambores”. Como suele ocurrir en su relato, los lugares cuentan tanto como las personas. Se vuelven puntos de anclaje: espacios donde distintas facetas de su historia pueden coexistir.


El futuro, por su parte, se anuncia lleno de promesas. Su primer poemario saldrá en los próximos días, mientras que su trabajo fotográfico acaba de ser seleccionado por Creatura, revista de referencia de arte contemporáneo latinoamericano. Como con sus poemas, su recorrido artístico parece avanzar al ritmo de los encuentros y las sorpresas. “¿Lo que viene? No me veo más como escritora que como actriz, que como fotógrafa. Para mí, todo se complementa. Son distintos medios de expresión, que están ahí por razones diferentes. Según lo que tenga ganas de contar o de expresar, un medio se impondrá por sí solo”. Al escucharla, nada indica que algún día vaya a elegir entre la escritura, la fotografía, el teatro o la performance. Desde el inicio de nuestra conversación, todos esos caminos parecen llevar al mismo lugar: el título del compatriota García Márquez, vivir para contarla.


Fin d'exil salió en Éditions Les Bonnes Feuilles. El libro está magníficamente ilustrado por la artista franco-peruana Maïra Villena.


IG: luisamargal



Comentarios


HOGAR es un blog de Bruselas que promueve las noticias relacionadas con América Latina en la ciudad.
©2022 par Hogar.

bottom of page